
Saludos milenarios, soy tío1. Os voy a relatar la historia de mi vida que se remonta al Paleolítico (por si no os habéis dado cuenta por mi cara). Soy el eslabón perdido entre el Homo Ergaster y el Homo Rhodesiensis, o sea, los antecesores del Sapiens (tu idiota!!). Debido a mi fealdad, me apartaron del clan, no me querían, y no me pude reproducir. Cuando me veían, gritaban, no se el que, porque nunca pude entender su idioma, ya que además de feo, era tonto.
Este es el comienzo de una gran aventura, mi vida (wooaoo), a lo largo de todas las épocas, porque además de feo y tonto, soy inmortal, me sufriréis siempre.
Nos vemos en la próxima entrega, el fascículo 2.
Aaah, el gorro de paja. Cualquier arqueólogo que se precie sabe lo importante que es. Aunque los más refinados prefieren llevar gorros de tela (o incluso de marca como de Coronel Tapioca), los buenos arqueólogos sabemos que lo mejor para las 10 horas de trabajo continuado y de exposición al sol, aparte de la crema, es un gorro de paja que proteja nuestro querido cogote.
