
Como todos me repudiaban, tenía mucho tiempo libre. Decidí cubrir ese gran vacío interior buscando un hobby, algo que motivase mi vida. Vi una oferta de viaje a Oriente y no me lo pensé dos veces. Allí me encontré con una sociedad muy avanzada, motivo de más para que me hicieran vacío, pero conocí a un pequeño anciano, cojo, manco, ciego,bizco, tartamudo y desdentado que me aceptó tal y como era. El me enseñó viejas técnicas ocultas que yo bauticé como agricultura y ganadería. No se para que servían pero las llevé a occidente y fue un booom. Comenzó una nueva era, Mi Era (el Neolítico).
Aaah, el gorro de paja. Cualquier arqueólogo que se precie sabe lo importante que es. Aunque los más refinados prefieren llevar gorros de tela (o incluso de marca como de Coronel Tapioca), los buenos arqueólogos sabemos que lo mejor para las 10 horas de trabajo continuado y de exposición al sol, aparte de la crema, es un gorro de paja que proteja nuestro querido cogote.
