Henri Désiré Landru, el moderno Barba Azul

20 marzo, 2008 at 10:00 pm (Cosas sangrientas)

Bueno, como este miembro no viril de Tio1 tiene “mucho tiempo libre” en estas vacaciones voy a crear una nueva sección para el blog donde daré a conocer la biografía de asesinos en serie. Es para contrarrestar la santidad y los efectos de la semana santa que te obligan a hacer el bien y ser muy bueno. Hay que darle morbo a la vida mis pequeños…

Comenzaré relatando la vida de:

Henri Désiré Landru, el moderno Barba Azul

Guarda cierto parecido con Lenin, la verdad

Landru nació en una familia modesta obrera parisina. Su padre, hombre recto y religioso, trabajaba como fogonero en una fundición industrial mientras que su madre era costurera. El pequeño Henri demostró ser un gran estudiante aunque con una afición desmedida a aspirar a una buena vida futura.

En 1889, se ve forzado a casarse con su primera hermana Marie Reny a causa de un embarazo no deseado. Con ella, tendría tres hijos más. Durante esa época, Landru empezó a ganarse la vida honradamente como vigilante de garaje y administrativo. Pero la necesidad de llegar a un nivel de vida más alto le llevó hacia la delincuencia. Entre 1902 y 1914, algunos delitos menores por estafa le valieron tres penas de cárcel sucesivas lo que acarreó que su padre, avergonzado por el comportamiento de su hijo, se quitara la vida ahorcándose en un árbol en el Bois de Boulogne.

Una de esas condenas, la cumplió en una de las facetas con los que desarrollaría sus planes de futuro. Una tarde de 1909, Landru acudió a la cita de una desconsolada viuda llamada madame Izoret, que en un anuncio de prensa ofrecía su patrimonio a cambio de un varón que la pudiera hacer compañía. El estafador se presentó en su casa y le ofreció compañía a base de promesas vanas para luego llevarse 20.000 francos. Con el tiempo, Madame Izoret empezó a sospechar hasta que denunció al estafador, que fue arrestado. En su tiempo preso, Landru reflexionó la posibilidad de seguir siendo el perfecto compañero de viudas solitarias pero asesinándolas para que no pudieran acusarle más.

En 1914, Landru se escapa de una condena de varios años por el último de sus fraudes. La escasez de pruebas, sus diferentes personalidades y el estallido de la Gran Guerra favorecieron su huida.

La Primera Guerra Mundial le proporcionó a Landru la oportunidad de refinar su talento de consolador de jóvenes viudas. Y es que, las bajas que a diario se producían en el frente de batalla, aumentaba constantemente el número de viudas, quienes colocaban en los periódicos anuncios matrimoniales. Landru comprendió que un hombre como él, atractivo y joven aún, podía aprovecharse de esta situación.

Y así fue como el futuro asesino volvió a publicar anuncios en la prensa. El de mayor impacto fue uno que apareció en Le Journal en el que decía: “Viudo, dos hijos, cuarenta y tres años, solvente, afectuoso, serio y en ascenso social desea conocer a viuda con deseos matrimoniales”. En seguida centenares de mujeres respondieron a su propuesta. Landru fue descartando a todas aquellas con pocas posibilidades. A las otras, les enviaba una respuesta para recoger más información y asegurarse de la rentabilidad del idilio.

La primera seleccionada fue Jeanne Cuchet, una hermosa mujer de 39 años, con un hijo de diecisiete (André) y unos 5.000 francos ahorrados. Landru alquiló un piso en el barrio de Vernouillet y adoptó la identidad de Raymond Diard, inspector de correos, proveniente de Lille debido a la ocupación alemana. Barba Azul fue un excelente y educado pretendiente que evidentemente, prometió matrimonio a madame Cuchet. Pero, en enero de 1915, cuando empezaron sus sospechas, madre e hijo desaparecieron para siempre. Landru los descuartizó en el pequeño apartamento para luego quemarlos en la chimenea.

Posteriormente, Landru continuó con su método delictivo. Alquiló una casa en las afueras de París. Allí iba invitando a las sucesivas conquistas, bajo la promesa de matrimonio. Consiguió su segunda víctima. De nuevo una viuda con más dinero que la anterior, madame Laborde-Line. Con ella siguió la misma técnica que con madame Cuchet, se presentó como Dupont, empleado del servicio secreto, y al tiempo le propuso que se marchara a vivir fuera de París quedándose él con sus ahorros para invertirlos en aquella desastrosa época de guerra. Poco después, madame Laborde-Line sería asesinada e incinerada en el salón de la casa parisina.

Landru vivía feliz sus nuevas riquezas al tiempo que no levantaba sospecha por sus crímenes. Pero el hecho de cambiar constantemente de casa suponía un fastidio por el hecho de dar constantes explicaciones tanto al casero y a los vecinos por su marcha como a su propia mujer por sus constantes idas y venidas. Así que alquiló una casa en la localidad de Gambais, a la que llamó “Ermitage”.

De 1914 a 1918, Landru siguió con sus fechorías. Invitaba a viudas para promterles matrimonio y, cuando se seguraba que disponía de su dinero para “inversiones futuras”, las asesinaba y las quemaba en el horno de la casa.

Mientras todo eso pasaba, llevaba una vida casi normal. Visitaba a sus hijos con frecuencia, mostrándose con ellos como padre atento y a su esposa le regalaba regalos carísimos.

Pero, una vez acabada la guerra, los parientes empezaron a buscar a sus desaparecidos. Ése fue el caso de los familiares de Madame Collomb, que enviaron una carta al alcalde de Gambais, solicitando cualquier tipo de información sobre su parientes, a la que se había visto en ese pueblo en compañía de un tal Dupont.

Pero no fue hasta la intervención del inspector Belin, cuando el cerco de Landru empezó a estrecharse. La clave la dio la hermana de madame Buisson que acudió al policía cuando se cruzó con el “pretendiente” de su hermana desaparecida comprando obras de arte en una tienda de Rue Rivoli. . La policía interrogó al comerciante y encontró que Désiré, había dejado su tarjeta “Lucien Guillet, 76, Rue Rochechouart”. Allí se dirigió la polícia para detener al asesino el 11 de abril de 1919 en compañía de su nueva “amante”, la actriz Fernande Segret.

Una vez en la prefactura se pudo conocer la auténtica identidad del asesino gracias a una agenda. En ella, también se pudieron encontrar once nombres, cuatro de ellas coincidían con desparaciones ya constatadas y también, con una meticulosidad asombrosa de ahorrador compulsivo, los precios de los boletos de ferrocarril de París a Gambais.

El 29 de abril, Landru, acompañado de los gendarmes, viajaron a Gambais. Allí se pudieron encontrar 295 huesos humanos semicarbonizados, un quilo y medio de cenizas y 47 piezas dentales de oro que Landru guardaba en un cajón. Poco después, se pudo confirmar que el psicópata había vendido ropas, muebles y enseres de sus víctimas.

El juicio de Landru duró unos dos años y fue uno de los más sonados del París de entreguerras. Aunque Landru reconoció haberlas engañado, jamás confesó la autoría de los asesinatos. Al final, el 30 de noviembre de 1921 sólo fue condenado por once asesinatos probados, aunque la policía calculó que que entre 117 y 300 mujeres fueron matadas por Barba Azul. El 25 de febrero de 1922, Landru fue guillotinado en la cárcel de Versalles.

En 1963, se descubrió por casualidad una carta de Landru en la que reconocía ser el autor de los crímenes. La vida de este psicópata fue llevada al cine en una famosa película llamada “Landrú”, dirigida por Claude Chabrol ese mismo año. En 1947, Charles Chaplin hizo una película inspirada también en su vida, llamada Monsieur Verdoux.

Fuente: wikipedia 
Anuncios

3 comentarios

  1. tio1 said,

    Oye Mr.Prepucio si tan interesante te parece el artículo podrías comentar algo, solo para demostrar que me quieres y que mi trabajo es valoradoy reconocido internacionalmente.

  2. Mr.Prepucio said,

    te amo mi querido miembro no viril xD valoro mucho tu trabajo ya sabes que las cosas chungas en plan friker jimenez son lo mio! pero ultimamente ando bastante ocupado, los asuntos isleños … tu ya me entiendes :b No te olvides de los Lalaurie! un tema escabroso que no puede escapasarse de nuestras manos… muajajaja

  3. Xavier Sans Ezquerra said,

    A mí me recuerda más a Rasputín que a Lenin. Y no alcanzo a comprender como las viudas a las que se cargó no salieron despavoridas al verle. Dá muy mal rollo este tío nada más verle.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: