Nueva entrega de Indiana Jones

30 mayo, 2008 at 2:47 pm (Chorradas, Historia, Noticias)

Las películas que más veía cuando eran un pequeño Miembro no viril fueron las de Indiana Jones, Regreso al futuro, Blues Brothes ( seeeh Mr.Prepucio, me la he tragado 800 veces aunque no me acuerde de nada)…Pero seguramente las que más me influyeron en mi pasión por la historia y la arqueología fueron las de Indy, aunque habría que tener en cuenta que las otras dos poco me podían influir:

1. Podía decantarme por las ciencias, para así poder construir una copia del Delorean con la que viajar al futuro, al pasado, al salvaje oeste… Muy productivo.

2. O podía ser un solitario Miembro no viril blusero.

No se para que he puesto toda esa introdución,porque lo que quería contar es que Mr. Prepucio y yo fuimos la semana pasada al estreno de la cuarta película de Indiana Jones.

Tras una hora haciendo cola (ja! xD) conseguimos entrar en una sala abarrotada de gente (ja,ja! xD) todos arqueólogos o historiadores como pudimos constatar claramente, había pruebas irrefutables de esto: la mayoría eran personas de más de 40 años, elegantes, con traje y con mucho estilo. Lo que denota que los árqueologos formamos parte de una selecta sociedad secreta a la que no se deja entrar a cualquiera.

Y respecto a la película, opiniones diversas, concretamente dos, una mia y otra de Mr.Prepucio y totalmente opuestas además:

Para Mr. Prepucio es la mejor película de Indiana Jones. ¿Por qué? Pues porque tiene cosas paranormales, extraterrestres… que más puede pedir este pequeño prepucio: arqueología+extraterrestres = felicidad absoluta.

Para mi esas dos cosas juntas son totalmente incompatibles, me parece la peor película de Indiana Jones, un verdadero desastre (teniendo en cuenta que llevaban nosecuantos años elaborando el guión). Además de que su hijo es un inútil y no puede ser el que le suceda! No por diox, noOoooO! Prefiero a un Harrisond Ford viejo!

Bueno noo, en realidad prefiero al joveen, arrg  :^)~~~

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La arqueología: colorín, pingajo y hambre

27 mayo, 2008 at 1:48 pm (Noticias)

Los arqueólogos aprovechan el estreno de ‘Indiana Jones’ para denunciar su precaria situación laboral. La crisis de la construcción también afecta a una profesión que carece de convenio colectivo en todo el país excepto Cataluña.

Ya lo decía Max Estrella en Luces de Bohemia: “Las letras son colorín, pingajo y hambre”. Pero seguro que los arqueólogos que se han manifestado por la cada vez más escuálida Gran Vía de los cines pensaban cuando estudiaban en Secundaria a Valle Inclán que a ellos les iría mejor.

Por supuesto, tampoco soñaban con ser héroes como Indiana Jones. El estreno de la última entrega del arqueólogo más famoso les ha servido de excusa para denunciar sus precarias condiciones laborales y para lograr la atención de los medios de comunicación tradicionales.

Los licenciados se quejan de las ínfimas condiciones laborales que sufren, ahora aún peores debido a la crisis de la construcción, una realidad peregrina que sufren hasta los arqueólogos.

Según explica Eva Zarco, portavoz de la plataforma que impulsa la elaboración de un convenio colectivo para la profesión, las obras que realicen movimientos de tierra deben contar con un estudio arqueológico previo y con otro de seguimiento. Al disminuir la actividad inmobiliaria también baja la demanda de informes arqueológicos.

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Durante toda la tarde de este jueves, un grupo de licenciados, el número en este caso no importa porque lo verdaderamente relevante es la situación que denuncian, han peregrinado, ataviados con camisetas negras con el lema ‘Arqueología precaria’, por los cines de Gran Vía y los de la calle Princesa de Madrid.

Eva Zarco insiste en que el principal problema que tienen los arqueólogos es que “nadie sabe a lo que nos dedicamos”. Por eso se han organizado, a través de la Asociación Madrileña de Trabajadores y Trabajadoras en Arqueología (AMTTA), que de momento se reúne en una librería de Embajadores en Madrid que les ha cedido el espacio.

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La primera línea de trabajo que han abierto ha sido la redacción de un convenio colectivo para el sector en Madrid. En España sólo existe un documento vigente de estas características en Cataluña. Además ya trabajan en el futuro sitio en Internet, www.amtta.es, y en la puesta en marcha de otras iniciativas como la organización de cursos de seguridad e higiene en el trabajo y de manejo de programas informáticos específicos de la profesión.

Durante el trayecto por la Gran Vía la marcha de los arqueólogos se cruza con la manifestación organizada por los trabajadores de la empresa que gestiona los parquímetros en Madrid, también en huelga para reivindicar un aumento de sus salarios y una mejora de sus condiciones de trabajo.

No hay motivos para el optimismo. Andrés y Ana son un ejemplo, dos arqueólogos que se disponen a denunciar a la empresa para la que trabajaban por despido improcedente. Estaban subcontratados como autónomos y se han quedado sin empleo, sin motivo aparente, junto a una decena de compañeros. Ahora buscan abogado para que los represente legalmente.

Fuente: Bottup

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El asesinato de Prim

25 mayo, 2008 at 8:38 pm (Cosas Curiosas, Historia)

Ya hace unos días manifestamos nuestro apoyo, apego, admiración y demás palabras que empiezan por “a” hacía nuestro queridísimo Prim. Un hombre que se dedicó a planear golpes de estado, y que todos le salían mal, y que cuando por fín consiguió triunfar va y le matan. Que dura es la vida.

Pues precisamente a esa muerte va dedicada esta entrada:

Todo estaba preparado en España para la inminente llegada del nuevo rey, Amadeo I. En el Parlamento, el general Juan Prim y Prats, de 56 años, presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra, capitán general de los Ejércitos, marqués de los Castillejos y conde de Reus, acababa de conseguir la aprobación de las últimas propuestas relacionadas con la Casa Real. Nada más le quedaba por hacer en el palacio de las Cortes, y tenía que preparar el viaje a Cartagena, al día siguiente, para recibir al monarca.

Eran las 19,30 del 27 de diciembre de 1870. En Madrid caía una espesa nevada. El general se despidió con cortesía de diputados y ministros, cruzó unas tensas palabras con el líder de los republicanos y se dirigió a su coche, una berlina verde de cuatro ruedas tirada por dos caballos que le aguardaba en la puerta del Congreso, con los cristales cerrados para proteger el interior del frío y la tormenta de nieve. El cochero puso en marcha el vehículo en cuanto subieron el general y sus acompañantes: el coronel Moya, que se sentó en la delantera, y su ayudante personal, Nandín, que se acomodó a su lado, en el asiento trasero.
La berlina emprendió la ruta habitual, por la calle Marqués de Cubas, hacia el Ministerio de la Guerra (Palacio de Buenavista), donde estaba la residencia presidencial. El general iba tranquilo, intercambiando algunos comentarios con sus hombres de confianza, sin dar muestras de la urgencia que sentía por retirarse pronto a descansar. Estaba tan sumido en sus pensamientos sobre la gran responsabilidad de dotar a España de una nueva monarquía que no pudo darse cuenta de que unos hombres apostados en las esquinas avisaban disimuladamente de su paso, haciendo señales con fósforos encendidos. Tampoco sus ayudantes apreciaron nada anormal, aunque estaban siendo observados desde el momento mismo en que habían abandonado el Congreso.
Al llegar a la calle del Turco –que habría de convertirse en la calle de Prim por lo que allí estaba a punto de suceder– el cochero observó que había dos carruajes de caballos atravesados en el angosto camino. Tuvo que detener la berlina en medio de la densa nevada, que caía mansa y espesa, dificultando la visión. Un segundo después el coronel Moya se asomó a la portezuela para tratar de arreglar la situación y contempló con alarma cómo tres individuos vestidos con blusas, sin duda alertados de la llegada de Prim, se dirigían hacia el coche armados con lo que le parecieron carabinas o retacos, aunque uno de ellos llevaba con seguridad una pistola. No tuvo tiempo nada más que para decir: “Bájese usted, mi general, que nos hacen fuego”.
Pero sus palabras quedaron interrumpidas por el ruido de las detonaciones, al menos tres por el lado izquierdo y otras dos por el derecho. Los cristales se quebraron y uno de los asesinos consiguió meter en el interior de la berlina el cañón del arma que portaba; tan cerca del general Prim que la cara de éste quedó tatuada por los granos de pólvora. Su ayudante, Nandín, en un movimiento desesperado, trató de protegerlo interponiendo su brazo. Las balas le destrozaron la mano, y quedaron esparcidos esquirlas y pedazos de carne abrasada.
La agresión duró sólo unos segundos, apenas los mismos que el cochero tardó en reaccionar, golpeando con su látigo casi por igual a los agresores y a los caballos hasta romper el cerco y huir hacia la calle Alcalá, llevándose por delante los carruajes que impedían la salida de aquella ratonera.
Mientras se dirigían a toda prisa hacia el Ministerio de la Guerra, Moya preguntó al general si estaba herido, a lo que Prim contestó que se sentía tocado. Al llegar a palacio los dos heridos descendieron de la berlina, ayudados por Moya y el cochero. El general subió por su propio pie la escalerilla del ministerio, apoyándose en la barandilla con la mano afectada y dejando en el suelo un reguero de sangre. Al encontrarse con su esposa forzó un gesto tranquilizador para decirle que sus heridas no revestían gravedad.
Cuando llegaron los médicos apreciaron rápidamente los destrozos en los dedos de la mano derecha, de tal envergadura que fue preciso amputar de inmediato la primera falange del anular, quedando en peligro de amputación el índice. Aunque lo más preocupante era el “trabucazo” que el general presentaba en el hombro izquierdo. Le había sepultado al menos ocho balas en la carne. Los cuidados médicos se prolongaron hasta la madrugada. A las dos de la mañana se le habían extraído siete balas.
Nandín, el ayudante, fue trasladado a la casa de socorro más cercana, donde se le diagnosticó que perdería el movimiento de la mano, que le quedaría seca e inservible; pero quizá –le dijeron– no tendrían que amputársela. Entre tanto, las noticias difundidas mentían sobre la gravedad de las lesiones: se quería que fuesen tranquilizadoras, en un momento en que era preciso mantener la calma en el Estado.
Prim mantuvo su proverbial valor durante el largo sufrimiento, que habría de durar tres días. Estuvo siempre a la altura de las circunstancias, aunque contrariado, incluso en sus delirios, por el momento en que se producía el atentado, para él tan inoportuno, aunque por lo mismo buscado por sus asesinos. El hombre más poderoso de España se apagaba lentamente en la gloria de su impresionante biografía.

Desde su juventud había acumulado honores y distinciones. Tras comenzar muy joven en el cuerpo de Migueletes, a los 26 años ya había sido condecorado con dos laureadas de San Fernando y ascendido a coronel por sus acciones heroicas en la primera guerra carlista. Fue gobernador militar de Madrid y Barcelona, capitán general de Puerto Rico y temible, para sus adversarios, diputado en Cortes. Siempre hombre de acción, el episodio que le procuró mayor fama de valiente tuvo lugar en la guerra de Marruecos, durante la batalla de Castillejos (1860). Allí recogió del suelo la bandera que portaba un alférez muerto, y enarbolándola condujo a sus tropas contra el enemigo, peleando por la conquista de un cerro que sería definitivo en el curso de la contienda. A su regreso fue recompensado con el título de marqués de Castillejos, con grandeza de España.
Político liberal y progresista, en septiembre de 1868 encabeza la revolución que destrona a Isabel II. Convencido de que la forma del Estado debe seguir siendo la monarquía pero contrario a que continúen los Borbones en el trono, se ocupa afanosamente en buscar un rey que dé inicio a una nueva dinastía. Desde el principio se muestra partidario de Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel, rey de Italia. Este empeño del general levantó chispas a su alrededor. Numerosos grupos de poder muestran su descontento. Le proponen otros candidatos y le crecen enemigos encarnizados, incluso entre sus compañeros revolucionarios, que consideran que ha traicionado la revolución proponiendo la restauración de la monarquía.
Pero Prim permanece firme en su determinación y no teme enfrentarse a las derechas ni a la Iglesia presentando para la corona de España al hijo de un rey que se ha enfrentado al Papa. Tampoco teme decepcionar a los que pensaban en el mantenimiento de la legitimidad monárquica proponiendo a Alfonso, el hijo de Isabel II, a quien aristócratas y servidores isabelinos llamaban ya “Alfonso XII”. Tenía una solución original para el Estado que pensaba imponer, a pesar del disgusto de los exaltados de uno y otro bando.
Por eso eran muchos los que, por distintas razones, estaban de acuerdo con el periodista revolucionario Paul y Angulo, que escribió por aquellos días: “A Prim hay que matarle en la calle como a un perro”. Se sospecha que el héroe de Castillejos fue víctima de una amplia conjura, con varios atentados alternativos que habrían sido activados en caso de que hubiera fallado el primero. Detrás estarían gentes de distinto e incluso enfrentado signo político pero que coincidían en lo fundamental: querían que la muerte de Prim obligara a Amadeo a renunciar al trono.
Después de recibir los disparos en la calle del Turco, el general comprendió desde el primer momento que su vida estaba en grave riesgo. Así lo había manifestado a los que le rodeaban. Así, afirmó que, aunque le sobraba espíritu, le faltaba la resistencia material. Adivinó que su situación era desesperada, y su muerte inevitable. “El rey viene, y yo me voy”, se lamentó.Murió a las 8,45 del 30 de diciembre, tras una larga agonía. El suceso provocó gran consternación entre las buenas gentes de todo el país. En Albacete, al paso del rey recién llegado, miles de gargantas proclamaron: “¡Viva el rey Amadeo, que es el hijo del general Prim!”. Apenas se conoció el óbito se sucedieron los pésames y honores. El cadáver fue embalsamado por el doctor Simons “por el sistema de inyección” para que fuera expuesto durante tres días en la madrileña Basílica de Atocha de Madrid.

Se le preparó un entierro suntuoso; el ataúd, que corrió por cuenta de los miembros de la “Tertulia progresista”, fue el de mayor lujo conocido hasta entonces, superando ampliamente el que se dispuso para el duque de Valencia. El primer carruaje que siguió al cortejo fúnebre fue el mismo en que recibió las heridas que le llevaron al sepulcro.

La viuda recibió un anónimo que podría ser de los asesinos. Decía así: “Nos hallamos muy satisfechos del éxito de nuestra obra, y la continuaremos sin descanso”. Entre tanto, la investigación se perdió por vericuetos impenetrables, entre instrumentos de un fanatismo insensato y mercenarios de intereses muy concretos. Los tentáculos de la conjura se revelaron agobiantes y los criminales no fueron hallados: ni los que ordenaron la muerte ni los que la ejecutaron.

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Una buena idea

22 mayo, 2008 at 12:30 pm (Cosas Curiosas)

Una buena idea para los que leemos (hablando de libros…Mr Prepucio ¿¿mi libro de Los Pilares de la Tierra??).

Os lo pongo directamente en inglés, que lo he sacado de otro blog y no me apetece traducir. Además tampoco es tan complicado, que por las fotos se ve :

Cutting Corners

Okay, this is my new{to me}favorite idea. I found it in one of my vintage kid craft books and it is so simple – I love it. Clip the lower corners off of envelopes that are destined for the recycling bin and they can be used as bookmarks that simply slip over the corner of the page. {If you seal the envelope the upper corners can be used as well.}

Envelopebookmarkdsharp

The bookmarks have a bit of room to write a message, like this one{below} – a reminder, perhaps, that I am quickly approaching my Geritol years.

Envelopebookmarkdsharp1

Fuente: d.Sharp Journal

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Capilla de los huesos

22 mayo, 2008 at 12:19 pm (Chorradas, Cosas sangrientas, Historia)

Nuestras esporádica…uy perdón, quería decir asidua colaboradora Marisa nos ha mandado una cosita muy interesante para que pongamos aquí:

La Capilla de los Huesos de Kostnice

En el siglo XIII se descubrieron grandes depósitos de plata en Kutna Hora. Mucha gente llegó a la ciudad con la ambición de encontrar fortuna excavando en estos rincones. Pero con la minería también llegó una plaga que hizo estragos en la población, llenando a su vez el cementerio.

La capacidad del mismo era limitada, así que decidieron construir una capilla para almacenar los huesos. La idea no era tan descabellada hasta que a un monje se le ocurrió (muy visionario él) utilizar huesos de pelvis y cráneos para la decoración, aunque el trabajo quedó incompleto.

Fue labor de Frantisek Rint completar este proyecto utilizando los huesos de poco más de 40.000 personas. Se dice que el cementerio era tan famoso que las personas donaban sus restos para ser parte de la creación.

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